Hay una pregunta que tarde o temprano aparece en la mente de todos: “¿Cuál es mi propósito?”. A veces llega cuando estás en la escuela, otras cuando ves a tus amigos avanzar, o cuando te preguntas qué será de tu vida en unos años. Y aunque muchos buscan la respuesta en talentos, profesiones o sueños, la verdad es que el propósito empieza en un lugar mucho más profundo: en Cristo Jesús.
La Biblia dice algo poderoso: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” (Efesios 2:10) Esto significa que tu propósito no es algo que tú inventas; es algo que Dios ya preparó. Cristo no solo te salvó: te diseñó para caminar en obras buenas, en una vida que refleje Su carácter y transforme el mundo alrededor de ti.
Entonces, ¿cómo descubres tu propósito? Empieza entendiendo esto: tu propósito siempre está alineado a Dios. No existe un propósito verdadero fuera de Cristo. Él es tu identidad, tu origen y tu destino. Tu propósito no es una profesión, ni un título, ni un sueño pasajero. Tu propósito es vivir los valores y principios de Cristo, porque cuando tú vives como Él, embelleces esta sociedad, sanas lo que está roto y construyes lo que otros han destruido.
Quizá hoy solo te ves como hijo o hija, como estudiante, como alguien que apenas está empezando. Pero escucha esto: un día serás padre o madre, un día tendrás una familia, un día serás ejemplo para otros. Y aunque ahora no lo pienses mucho, tu corazón ya tiene ese instinto puesto por Dios: el deseo de proteger, de cuidar, de guiar, de amar. Por eso es tan importante que desde ahora aprendas a vivir como Cristo, porque lo que practiques hoy será lo que enseñes mañana.
Tu propósito se va revelando mientras creces, mientras maduras, mientras conoces más a Jesús. No se descubre de golpe; se descubre mientras te conviertes en lo que estás llamado a ser: alguien que refleja la imagen del Padre Celestial. Y esa transformación no ocurre por tus fuerzas, sino por la gracia de Cristo que te forma, te corrige, te levanta y te guía.
Así que si hoy te preguntas cuál es tu propósito, empieza por aquí: conoce a Cristo, imita a Cristo, camina con Cristo. Él te mostrará las buenas obras que preparó para ti. Él te enseñará a ser un buen hijo hoy, para que mañana seas un buen padre o madre. Él te dará identidad, dirección y sentido. Tu propósito no está escondido; está creciendo dentro de ti mientras Él te transforma.
Y recuerda: no tienes que tener todo resuelto ahora. Solo necesitas dar un paso cada día hacia Aquel que ya preparó tu camino.



